martes, 23 de diciembre de 2008

El Club Lovecraft

Aunque no suelo hacer reseñas de libros en el blog, pienso que es un deber moral advertir sobre este libro.

Si el otro día terminé "Los hombres que no amaban a las mujeres" y considero que es uno de los mejores libros que he leído, hoy he terminado "El club Lovecraft" y he de decir que es uno de los peores, si no el peor.

En cuanto me llegó lo imaginé pero yo no hice caso a las señales, sabía que al final me lo iba a leer. Un poco porque no tenía otra cosa que hacer y otro poco porque quería ver a dónde conducía este desatinado homenaje al Maestro de Providence he terminado este librito. No sólo es que los personajes sean clichés planos y carentes de cualquier motivación, sino que además el autor los va sacando a medida que tiene que explicar tal o cual cosa; no existen, no están ahí hasta que el autor no los necesita. No son un medio para llegar al final, sino el porqué de las cosas. Me atrevería a decir que el 95% de los personajes que salen no aportan absolutamente nada al desarrollo de la historia, si no salieran no se notaría. Mientras la cosa está calmada los diálogos son mediocres, los símiles y metáforas de sonrojo, pero cuando decide pasar a la acción entonces la cosa se torna delirante y las frases que nuestro héroe suelta por la boca son dignas de algún malote interpretado por Stallone. Eso sí, la ciudad de Toledo la conoce como la palma de su mano y está absolutamente enamorado de ella, cosa que me parece fantástica. Es en el único punto positivo de la novela, la ciudad es el personaje mejor desarrollado de todos.

En fin, libro totalmente prescindible que no gustará al lector medio en general y menos aún al aficionado a Lovecraft en particular. Si Lovecraft levantara la cabeza… Aunque se han perpetrado tantas barbaridades en su nombre que ya nada sorprende.

Pero es que en este caso hay pasajes que llegan a ser ciertamente delirantes. Hay un momento en que nuestro protagonista baja las profundidades de las catedral de Toledo. En ese momento el autor transforma su lenguaje en (una parodia) un homenaje al estilo literario de Lovecraft que produce el efecto contrario, en lugar de convertirse en "algo oscuro y ominoso" como habría sucedido con el Maestro, el lenguaje artificiosamente recargado hace que el lector no pueda dejar de sonreír (cuando no carcajearse abiertamente) con cierta perplejidad ante la imitación fuera de lugar. Por cierto que nuestro protagonista se sorprende de que bajo la catedral haya un aljibe gigantesco pero le parece lo más normal del mundo ver “rechonchas sombras gelatinosas y aladas siluetas acechantes como sombras chinescas” por allí. Lo dicho, para partirse.

Si el libro está escrito para burlarse de Lovecraft y parodiar sus escritos, malo; si está hecho a modo de homenaje, peor. En serio, es un despropósito total.

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